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- Imagino a los ángeles como seres leves que flotan y que llevados por una suave brisa pasan observando de lejos, tan solo muy de lejos, la vida real. Sin embargo, son los demonios los que bailando danzas infernales, experimentando dolorosamente el sufrimiento, disfrutando de las flaquezas de sus tentados, desafiando tabúes y riéndose de todas y cada una de nuestras prohibiciones rebosan existencia y se empapan, se impregnan y se llenan completamente de vida real.
- Sufrir vas a sufrir seas ángel o demonio porque la vida ya te regala sola el sufrimiento. Siendo ángel puedes vivir y disfrutar y hacer disfrutar a los demás. Los ángeles pueden, si quieren, quitarse las alas, pero los demonios no podrán jamás arrojar el tridente.
- Los ángeles no pueden vivir simplemente porque no pueden sufrir, y si bien es cierto que la vida te da el sufrimiento, también lo es que por él disfrutas la belleza del mundo. Lo realmente bello en Romeo y Julieta es el amor, pero lo que lo sublima es el sufrimiento y la muerte. Un ángel no sufre, no llora, no muere, y en su levísima e insustancial existencia no vive.
- Lo malo de la vida lo vas a experimentar quieras o no, y es por tanto de lógica encaminarte hacia la búsqueda de lo bueno. La muerte para mi no sublima nada. La muerte es lo más horrible que existe. La muerte representa el fin de todo. Idealizamos a los muertos los que quedamos vivos, sin embargo, seguro que Romeo y Julieta habrían sido infinitamente más felices paseando su amor imperfecto por las calles de Verona que muertos.
- Probablemente habrían vivido una felicidad más duradera aunque mucho menos intensa, pero de todas formas Romeo y Julieta son nuestros héroes, y nuestros héroes deben morir para que nosotros les reconozcamos. Un final feliz de Romeo y Julieta habría convertido el romance en una película de Hollywood. Su trágico final era necesario. La muerte sublimó su amor, y esta no fue más que el resultado de una existencia que rebosó sin límites de emoción y sentimiento. Lo que vivieron fue el amor absoluto, una descomunal pasión, la auténtica y verdadera vida!
- Eso es hermoso y me apasiona leerlo en las novelas o verlo en las películas, pero ¿de verdad piensas que en la vida todo tiene que ser tan trágico para que se convierta en bonito y real? Lo que menos deseo a una persona a la que quiero es que muera, ni necesito que nadie se muera físicamente de amor por mi. ¿De qué te sirve? ¡Lo prefiero vivo y muriéndose en vida por mis huesitos! Valoramos a los muertos por lo que han hecho en vida. Yo no quiero héroes, prefiero gente de carne y hueso.
- Claro, tienes razón, en nuestras pequeñas vidas todos queremos esto, ¿pero qué es una vida sin héroes? Han muerto, todos, era justo y necesario. Murieron por su pasión, y mientras su muerte se llevó la épica nos dejó la masa. Por esto en nuestra mediocre existencia nos afanamos en buscar una felicidad que se nos escapa a cada instante. Somos Sísifo con su piedra, efímeramente feliz cada vez que llega a la cima.
- Sigue habiendo épica, no de la forma tan idealista y clásica en que tú la concibes, pero claro que sigue habiendo poesía y gente que aunque de carne y hueso son como los grandes héroes. El caso es ser capaz de verlo. Si te empeñas en pensar que todo es un asco ¿cómo vas a experimentar nunca la felicidad? El error principal es intentar buscarla porque así siempre se te escapa. Creo que esos héroes de los que hablas tenían un pensamiento mucho más simple. Intenta disfrutar de todos los privilegios que tienes.
- Tenemos privilegios materiales pero vivimos vidas desapasionadas, vidas vacías, de felicidad efímera y de existencia absurda.
- ¿Pero qué es lo que quieres? Coincido en algunas cosas contigo, pero ya no las expreso así ni me producen esa inquietud. No sé porqué, a lo mejor o es que esto es la famosa madurez, o simplemente he superado esas dudas, o sencillamente me he idiotizado y estoy como dormida. ¡No esperes grandes batallas y si de verdad las quieres ve a por ellas! ¿Pero, qué es para ti una batalla?
- La batalla es el camino que te lleva a la victoria y a la gloria. Es por tanto la pasión que te conduce a la plenitud de la vida y a la felicidad absoluta.
- La batalla es entonces la pasión, el camino hacia algo, la ilusión por conseguirlo. La victoria es la plenitud de la vida y su consecución algo efímero. Y la gloria, la felicidad absoluta. Lo conseguirás si eres capaz de disfrutar del camino a la gloria, de tus batallas y de tus victorias y si puedes darte cuenta de lo que has conseguido. Entonces ya no querrás ni librar más batallas ni obtener más victorias, sino simplemente disfrutar de la gloria.
- Si en algún momento consiguiéramos la ansiada gloria nos encontraríamos de forma inmediata e inevitable envueltos en nacientes cruzadas. Somos seres obligados a afrontar las nuevas y más dolorosas dificultades, condenados por nuestra existencia a librar sin sosiego las más duras batallas, porque en verdad te digo, una vez hemos llegado a la cima, la piedra siempre se vuelve a despeñar.
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